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EL AMO



Dominación Y Sumisión

¿Reconoces tus límites?, ¿reconoces tu esencia de dominar o ser sumiso?, ¿reconoces que deseas más el sexo duro que el romántico?, ¿realmente eres capaz de saber quién eres en realidad en la alcoba? Estas son preguntas que cambiaran tu forma de relacionarte sexualmente con tus romances.

Sentir el dominio sobre aquella persona, me entrega un poder, un control sobre su mente, sobre su cuerpo y sobre sus emociones, que no había sentido antes, el hecho de verla vulnerable, dependiente de mí, y de mis decisiones, despierta un ese lado pervertido, y sucio para las mentes más frágiles. Mi experiencia en el sexo, me lleva a despertar ese lado incontrolable para vuestros sentidos, que solo puedes entender cuando vives la experiencia de sobrepasar aquello que nunca estuviste dispuesta hacer, y ahora será tu nueva adición.

No seré romántico, no seré tierno, no le hare el amor. En cambio, seré intenso, provocativo y muy sexual con ella. El reflejo de nuestro encuentro lo revelara su cuerpo, leves marcas en sus muñecas por el control de las esposas, leves marcas en su trasero por el látigo de 20 tiras, y sobre todo en sus tobillos, y cuello por él inmovilizador de extremidades, que harán de ella, una mujer totalmente sometida a mi control, sumisa a mi dominio, a mi tiempo, a mis acciones, a cada rose de mi piel con la suya, a cada palabra que lentamente digo en su oído, y cada idea que inserto en su mente, haciéndola fantasear con lo inesperado, con la idea de anteponerse a mis acciones, cuando nunca acertara con ninguna de las cosas que imagina que le hare, son mucho más intensas, y pervertida que las que piensa.

Siento cada vez más excitación al escucharla gemir cuando la toco, específicamente cuando me acerco a su entrepierna, disfruto de llevar su nivel de deseo al máximo, recorriendo su cuerpo lentamente zona por zona con una pluma, mientras que al mismo tiempo le relato, que cosas sucias deseo hacerle. Es hora de enfriar un poco el deseo mental, y llevarla a lo emocional, así que comienzo a darle de comer, algunas frutas bañadas en chocolate, las cuales voy colocando dentro de su boca una tras otras a medida que las come. Lentamente paso mi dedo pulgar acariciando su labio inferior, mientras ella intenta succionar este eróticamente, siento como el ritmo de su respiración se acelera, lo que me induce a acercarme a su oído derecho y decirle; “cuanto deseo en este momento hacerte mía”. Una vez que su emoción positiva a alcanzado un alto nivel de intensidad, es hora de llevarla al plano físico, para que conozca mucho mejor su cuerpo, se encuentre con él, y con las sensaciones que provocare a través de la estimulación de cada uno de sus puntos erógenos.

Comienzo recostándola sobre la cama y la inmovilizo correctamente, tomo un cubo de hielo y empiezo a recorrer con él sus pezones, los beso, luego subo hacia su cuello, le doy un morisco, lo beso, y comienzo a bajar lentamente hasta llegar a su entrepierna, al monte de venus, mientras suena una música provocativa y sensual, haciendo que su mente se relaje y logre enfocarse solamente en su cuerpo y en las sensaciones que este le provee, antes que cualquier otro tipo de pensamiento. Una vez que compruebo que esta muy excitada al pedirme que la penetre, que la folle, es hora de llevarla a un nivel más alto de placer, al poseerla.

Comienzo desamarrándola sin quitar los inmovilizadores, coloco la mordaza en su boca, y coloco mi mano en su espalda y la hago agacharse suavemente, quedando con su trasero en una muy tentadora posición y disposición de ser pervertido, tomo la palmeta de cuero y le doy un golpe en su trasero un tanto intenso, ella gime, y yo lo vuelvo hacer, esta vez coloco más fuerza y el golpe es más intenso, y ella gime mucho más fuerte de placer, sigo haciendo esto en más de 8 oportunidades, hasta que la excitación y el deseo de hacerla mía, me impulsa por terminar de poseerla, y penetrarla una y otra vez hasta sentir su primer orgasmo, seguido de unos minutos vuelvo a sentir otro, lo que aun más me excita y comienzo a ser mucho más intenso y duro con ella. Gime y gime, hasta que quito su mordaza, y comienzo a besarla. Luego la recuesto y comienzo a estimular su trasero, hasta lograr el punto exacto de dilatación, es cuando entro en él, una y otra vez, mientras tomo su cuello, y le susurro cosas sucias que deseo seguir haciéndole en su oído izquierdo, en ese instante es cuando ella vuelve a tener otro orgasmo, y yo dispuesto a eyacular por primera vez. Siento cada palpito de su corazón muy acelerado, y su respiración es rápida, así que me levanto, y voy por un vaso de agua que llevo a su boca para darle de beber trago por trago hasta que lo acabe, y así poder recuperar su aliento. Luego le quito los objetos de inmovilización, solo le dejo con la venda en sus ojos, y la dirijo a la bañera, la acuesto en el agua tibia, y la comienzo a limpiar con una esponja suave. Mi mente me dice que al ser mi sumisa debo cuidarla, es algo sobreprotector. La levando, la seco, y la dirijo a la habitación, la visto, y la llevo al comedor, la siento, le doy de comer y beber, le transmito lo que pienso, siento y deseo por ella, me le acerco, pongo mi mano sobre su entrepierna y le digo que al oído; “sígueme”. La llevo al balcón, y la beso intensamente, una y otra vez, ciento algo por ella, ¿amor?, ¿deseo?, ¿sobreprotección? No reconozco esta sensación, es nueva para mí, pero sé que no hará que nada cambie entre los dos. La tomo de la mano, y la dirijo fuera de mi hogar, bajamos el ascensor, mientras los ojos de la gente a nuestro alrededor nos consumen, debe ser porque todavía la mantengo con la venda en sus ojos, así que sin importar la expectación la dirijo a la calle, detengo un taxi, le doy dinero al chofer, y le doy las indicaciones de donde quiero que lleve a la señorita, vuelvo con ella, la beso intensamente, quito la venda de sus ojos, ella los abre muy lentamente molestándole la luz del sol, algo totalmente normal cuando pasas más de 10 horas a oscuras, sin abrir los ojos. Le sonrió, beso su frente, y le digo: “te veré muy pronto”. Me giro y comienzo a caminar hacia mi edificio, mientras ella me observa hacerlo, este es el comienzo de una de muchas noches de dominación.

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Max Ross

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